Los 100 años de la Reforma Universitaria

A continuación les comparto una nota de opicnión que salió en el Diario CLARÍN.

Universidad 2018: tutorías en el secundario y acento en carreras prioritarias.

A un siglo de la Reforma Universitaria cabe preguntarse por qué no todos los argentinos tienen la posibilidad real de cursar una carrera.

Varias veces me pregunté si los estudiantes de Córdoba pensaron que cien años después íbamos a estar hablando de lo que ellos generaron. Probablemente no, pero sí gestaron una reforma que no tenía marcha atrás.

Tal vez, la democratización de la educación superior, es decir, abrir la Universidad a todos, haya sido lo que movilizó a aquellos estudiantes de 1918 y los impulsó a querer transformar la realidad que les imponían.

En su momento, hace cien años, esta batalla la daba la clase media, los hijos de inmigrantes, ya que la Universidad estaba cerrada a las grandes élites. Con el paso del tiempo, la educación universitaria argentina fue más allá y se convirtió en la Universidad pública y gratuita que hoy conocemos y de la que nos sentimos orgullosos por su prestigio en el mundo. Es la misma que formó a hombres y mujeres que escribieron la historia argentina como Julieta Lanteri, Bernardo Houssay o René Favaloro.

Ahora bien, cabe también preguntarse cuáles son los desafíos de esa Universidad pública y gratuita cien años después y si realmente todos tenemos la posibilidad de cursar una carrera universitaria. Lo cierto es que a pesar del carácter gratuito de las universidades argentinas, apenas uno de cada cien estudiantes de los sectores con menos recursos de nuestro país accede a ellas, a causa de diversos factores.

Por un lado, el diagnóstico que caracteriza a la educación en nuestro país: deserción escolar, falencias en la interpretación de textos y operaciones matemáticas básicas, entre otras. Por otro, la falta de recursos económicos ya que, más allá de la gratuidad en el acceso, muchos estudiantes no pueden costear material de estudio, transporte y alquiler; y la falta de herramientas generadas desde la misma universidad para que ese estudiante que necesita trabajar para costear sus estudios, pueda trabajar y estudiar al mismo tiempo.

Entonces, debemos construir una universidad que refleje las demandas de la sociedad, que se acerque a ésta y que se aggiorne a los tiempos que corren. No hacerlo o negarse a pensar en otra educación superior sería estancarse.

En primera instancia, creo sumamente importante trabajar en la articulación entre el sistema universitario y los demás niveles del sistema educativo, fundamentalmente el secundario, tal como se viene haciendo desde la Secretaría de Políticas Universitarias con el Programa NEXOS.

Es necesario profundizar el sistema de tutorías y/o acompañamiento a estudiantes del último año de la secundaria, de manera tal de reducir la brecha que existe con la universidad, no sólo en contenidos sino también, y sobre todo, en entender la vida universitaria, aprender a autogestionarse y tomar decisiones.

En segundo término, es importante acompañar a los estudiantes en su paso por la universidad. El Estado argentino debe apostar a la formación de profesionales comprometidos con el desarrollo de su región y el país, por eso es de destacar el objetivo de las nuevas Becas Progresar, que apuntan a la profundización de las carreras denominadas “prioritarias”, como Turismo, en Jujuy, o Enfermería, en todo el país.

Por último, creo fundamental que la universidad se renueve e implemente herramientas propias de los tiempos que corren. Trabajar con nuevas tecnologías, generando redes de intercambio, plataformas de información y a través del trabajo colaborativo, es la base para acercarse más a la sociedad. La universidad debe estar en el teléfono de cada argentino.

La educación virtual o a distancia, no sólo implicaría la incorporación de nuevas tecnologías al proceso de enseñanza-aprendizaje sino que permitiría que los estudiantes puedan estudiar y trabajar e, incluso, muchos no tendrían que mudarse de su pueblo para estudiar en una gran ciudad. Es decir, no deberían incurrir en gastos de alquiler o transporte y dejaríamos de forzar a los jóvenes a que abandonen sus pueblos.

Repensar la universidad, acercarla a la sociedad, transformarla. Tres grandes desafíos que sin duda, les debemos a los reformistas del ‘18.

* Josefina Mendoza es diputada nacional por Cambiemos

FUENTE: CLARÍN

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